Es una serpiente Yarará que hallaron en la localidad de Fortín Charrúa.
Vecinos de la ciudad de Reconquista la hallaron durante una caminata por una de las calles de esa localidad de los bajos submerionales el pasado sábado en horas de la tarde. Las altas temperaturas hacen habitual la aparición de estas especies en esa zona del distrito Fortín olmos.
Cabe destacar que es habitual encontrar, en esta época del año, este tipo de especies que con el calor aprovechan la caída del sol para salir a cazar, ya que durante el día, se mantiene refugiada del sol entre las malezas y zonas más frescas.
La yarará es considerada una especie típica de regiones del sur y centro del Brasil, sur del Paraguay, Uruguay y Argentina, siendo portadora de un fuerte veneno, lo que la hace sumamente temida.
Su vista y oídos no le resultan demasiado confiables, pero cuenta con una lengua vibrátil que no tiene relación con los mecanismos de envenenamiento y le resulta imprescindible para recibir información acerca de lo que la rodea.
Esta víbora sale a cazar especialmente cuando cae la tarde, hora en la que abundan sus presas favoritas, los roedores (lauchas de campo, ratas, conejos y cuises), a los que puede rastrear mediante su olfato. Periódicamente la yarará se desprende de su piel y esa época suele ir seguida de un incremento en la actividad de caza.
Debido a sus hábitos crepusculares y nocturnos evita los rigores del calor y durante el día permanece oculta en refugios naturales, debajo de piedras, en huecos y hendiduras. En zonas templadas, donde el invierno es bastante riguroso, recurre a la hibernación, ese modo de suspender en una especie de largo sueño todas las actividades vitales, reduciendo la vida a sus umbrales más bajos para así resistir el invierno.
La yarará es de color amarronado o grisáceo, presentando pupila vertical, foseta loreal (órgano termosensible ubicado a ambos lados del hocico, entre el ojo y la nariz), y manchas arriñonadas (en medialuna o cuadrangulares), aunque hay variaciones como la yarará crucera (o de la cruz), que mide unos 150 cm y presenta sobre la cabeza líneas formando una cruz blanca. La yarará chica es como la descripta, pero un tanto más pequeña: La yarará ñata es de hocico respingado y vientre amarillo con manchas marrones.
En todos los casos los dientes inoculadores son retráctiles, guardados dentro de vainas mucosas y parecen dos agujas hipodérmicas. Su veneno destruye tejidos, provoca hasta incoagulabilidad sanguínea y hemorragias por lesión de vasos sanguíneos.

























