El Profesor y concejal electo de la municipalidad de Vera, relata la vida de un changarín y en él refleja a los tantos del norte provincial.
El Negro tiene 33 años, está casado, tiene un hijo que lo ayuda en el trabajo cotidiano. “Esta dura la mano me dice en una charla que tuvimos días atrás”. Él no se detiene en la grieta, ni en lebac, ni en el riesgo país, ni en los unos y los otros. Quiere que lo que labura cada día le alcance para vivir dignamente y poder proyectar un futuro para su hijo.
Pisa, moldea y cocina cada ladrillo que levantarán paredes y casas albañiles jornaleros como él, artesanos y artistas de la construcción de una esperanza cotidiana como lo hace él. Cuando habla, el Negro confía y transmite confianza a pesar de todo y de todos.
“Me siento en deuda con él, me vuelvo pensando cómo darle forma a un proyecto de producción y de inclusión. El trabajo es fundamental en la vida del ser humano pero también lo es la vida digna que debe darnos ese trabajo. Su hijo lo mira, lo contempla, lo admira a escasos 4 metros desde donde saca esta foto que yo tomo prestada. Le dice "mi viejo" pero apenas tiene 33 años”.
“En El Negro reivindico y valoro el trabajo cotidiano de miles de chagarines y jornaleros que cada día le ponen el hombro a esta tierra, a nuestra zona. Hombres y Mujeres de trabajo que se levantan cada día y que esperan con esperanza desde el hacer”.
“Si pasan por el camino viejo antes de llegar a Caraguatay, a mano izquierda, ahí está el pisadero y ladrillería del Negro compren sin regatear el precio, lo mismo que el carbón o la leña que hacen tantos otros apostados generalmente a la orilla de los caminos, en las pocas tierras fiscales que van quedando en manos del criollaje con los cuales, la dirigencia, tenemos una gran deuda histórica”.

























