La comunidad educativa del Núcleo Rural N° 1577, junto a las familias del Paraje 29, en plena Cuña Boscosa Santafesina, dio un importante paso en defensa del patrimonio natural, histórico y cultural del monte nativo al declarar Monumento Natural Comunitario a un ejemplar de Quebracho Colorado (Schinopsis balansae) de aproximadamente 150 años de antigüedad.






La decisión quedó formalizada mediante la Declaración Comunitaria N° 1/2026, firmada el pasado 2 de septiembre, y representa un compromiso colectivo para preservar uno de los árboles más emblemáticos del territorio.

Un árbol que guarda la memoria del paraje

El ejemplar declarado Monumento Natural Comunitario se encuentra ubicado frente al predio escolar del Paraje 29 y, según expresa la declaración, posee un enorme valor ambiental, histórico, social y cultural.

Desde el establecimiento educativo destacaron que el monte nativo de la Cuña Boscosa Santafesina constituye un espacio fundamental de aprendizaje, identidad, arraigo y sustentabilidad comunitaria.

La iniciativa surgió también en el marco de las actividades vinculadas al Día de la Pachamama, una jornada que la comunidad escolar considera fundamental para agradecer, celebrar y promover el respeto hacia la Madre Tierra.

La declaración sostiene que existe un deber ético de transformar la conciencia ambiental en acciones concretas que permitan garantizar la conservación del monte nativo para las generaciones actuales y futuras.

                 

El corazón de la Cuña Boscosa

El Quebracho Colorado es una de las especies más representativas del norte santafesino. La comunidad del Paraje 29 remarcó su enorme importancia ambiental y su estrecha relación con la historia de la región.

Este árbol puede alcanzar importantes dimensiones y vivir durante siglos. Además de brindar sombra, constituye refugio y hábitat para numerosas especies de aves y animales del monte.

Su nombre, “quebracho”, está vinculado a la extraordinaria dureza de su madera, popularmente asociada a la expresión “quiebra el hacha”.

Durante décadas, su madera fue utilizada para la fabricación de postes y durmientes, mientras que de sus troncos se extraía tanino para la industria del cuero.

Pero para la comunidad del Paraje 29, este ejemplar representa mucho más que un recurso natural.

“Este árbol no es solo sombra: es la memoria del esfuerzo de nuestras familias y el guardián que debemos cuidar juntos para nuestros hijos”, expresa el documento comunitario.

                                   

Testigo de la historia y sobreviviente del extractivismo

Uno de los principales fundamentos de la declaración está relacionado con su enorme valor histórico.

Debido al lento crecimiento del quebracho colorado y a registros que ya daban cuenta de su gran porte en el año 1952, se estima que este ejemplar tiene alrededor de 150 años, situando sus orígenes entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

El árbol fue testigo silencioso del nacimiento y desarrollo del Paraje 29 y de la propia escuela.

La declaración lo reconoce además como un sobreviviente de una época marcada por la intensa explotación forestal de la región.

Mientras vastas extensiones de la Cuña Boscosa eran afectadas por el extractivismo forestal desarrollado durante décadas, particularmente en el período de influencia de La Forestal, este quebracho permaneció en pie.

Por ese motivo, la comunidad lo considera un verdadero monumento vivo de resistencia de la naturaleza y de la historia local.

Raíz, afecto y encuentro de generaciones

El valor social del histórico árbol ocupa también un lugar central en la declaración.

Para las familias del Paraje 29, el quebracho no es simplemente parte del paisaje.

Sus ramas acompañaron la llegada y el asentamiento de numerosas familias vinculadas a la historia forestal de la región.

Las memorias de vecinas como Dora y Ana María Chávez, así como los recuerdos de Don Jorge Bazán, quien de niño jugaba a la pelota bajo la sombra del árbol, forman parte de esa historia compartida.

El documento lo define como un espacio de encuentro entre generaciones y un símbolo de pertenencia.

“Es raíz, afecto y encuentro de generaciones enteras”, destaca la declaración.

Compromiso para proteger el monte nativo

La Declaración Comunitaria N° 1/2026 no se limita únicamente a reconocer el valor del ejemplar, sino que establece una serie de compromisos concretos asumidos por la comunidad educativa y las familias del Paraje 29.

Entre ellos se encuentra la decisión de profundizar el estudio y el conocimiento del monte nativo, partiendo de la idea de que no es posible valorar ni proteger aquello que no se conoce.

También se plantea garantizar la preservación de los árboles nativos, evitando la tala indiscriminada, las podas destructivas y cualquier daño innecesario.

Al mismo tiempo, se reconoce la importancia que históricamente tuvo el monte para el sustento de muchas familias, promoviendo un uso responsable de los recursos naturales.

La comunidad se comprometió además a mantener los sectores libres de residuos y a proteger el monte frente al fuego.

Semillas para multiplicar la vida

Otro de los puntos destacados de la iniciativa será la recolección sustentable de semillas de especies nativas.

Las mismas serán germinadas en el vivero escolar, con el objetivo de producir nuevos plantines que puedan ser incorporados en patios familiares y espacios comunes del Paraje 29.

De esta manera, la declaración busca que la protección de un árbol histórico se transforme también en una acción concreta para recuperar y multiplicar el monte nativo.

Una decisión que quedará registrada

La Declaración Comunitaria establece que la decisión será incorporada al Libro de Actas de la escuela, además de remitirse una copia a la Comuna de Fortín Olmos y difundirse entre los habitantes de la comunidad.

La iniciativa fue acompañada por estudiantes, docentes, familias y autoridades, quienes dejaron plasmado su compromiso con la conservación del patrimonio natural y cultural de la Cuña Boscosa Santafesina.

Así, desde un pequeño rincón del norte santafesino, la comunidad del Paraje 29 decidió poner en valor a un árbol que sobrevivió al paso del tiempo y a profundas transformaciones del territorio.

Un histórico quebracho colorado, que durante más de un siglo fue testigo de la vida de sus pobladores, quedó oficialmente reconocido como Monumento Natural Comunitario.

Un símbolo de identidad, memoria y resistencia que, desde ahora, tendrá una nueva misión: seguir en pie para que las futuras generaciones conozcan la historia del monte y aprendan a cuidar la tierra que habitan.