“El Palmar también existe y merecemos una solución ya”, reclamaron vecinos de la zona rural.







Una imagen tomada en plena zona rural del norte santafesino volvió a reflejar con crudeza la realidad que atraviesan muchas familias aisladas por el deterioro de los caminos y las consecuencias de las inundaciones. La fotografía muestra a un productor ganadero trabajando al borde de una cortada en jurisdicción de La Gallareta, en medio del agua y el barro, mientras intenta sostener su actividad productiva en condiciones extremas.



Se trata de Diego Romero, vecino del paraje El Palmar, quien se moviliza en silla de ruedas luego de haber quedado parapléjico tras recibir un disparo de arma de fuego años atrás. Pese a las dificultades físicas y al aislamiento que vive la zona, el hombre continúa ingresando a su campo y realizando tareas vinculadas a la producción ganadera.

La escena, captada este 18 de mayo de 2026 en el Paraje El Palmar, generó una profunda repercusión entre vecinos y pobladores rurales que aseguran sentirse “abandonados” por las autoridades que les compete.

Según relataron habitantes del lugar, actualmente muchas familias continúan ingresando a caballo a sus viviendas, mientras otras deben utilizar pequeñas embarcaciones para atravesar los sectores anegados y los canales desbordados. En algunos casos, deben arrastrar garrafas, mercadería, alimentos y elementos básicos para subsistir.

La situación se vuelve aún más compleja para personas con movilidad reducida, adultos mayores y niños que diariamente deben atravesar caminos destruidos para llegar a sus hogares o cumplir con actividades esenciales.

“Algunos tienen que pasar en lancha por el canal, arrastrando las garrafas y llevando lo que pueden para el día a día. Entre esas cosas, hasta una silla de ruedas”, expresaron vecinos de la zona.

Lejos de buscar generar conmoción o victimizar a los habitantes del lugar, el testimonio apunta a exponer una problemática estructural que desde hace años afecta a quienes viven y producen en sectores rurales alejados de los centros urbanos.

“No queremos exponer a nadie porque somos todos vecinos que la peleamos como podemos. Pero si él puede salir adelante con todo el esfuerzo que eso implica, entrando a caballo con su silla de ruedas y trabajando igual, entonces no entendemos cómo las autoridades siguen diciendo que no pueden hacer nada”, señalaron.

El reclamo principal apunta al estado del camino de acceso desde la Ruta Provincial 98 hacia el paraje, específicamente en el sector conocido como “el 55”, donde las lluvias y el avance del agua provocaron severas cortadas que prácticamente dejaron aisladas a varias familias.

Los vecinos remarcaron que la falta de respuestas oficiales ya no solo afecta la producción agropecuaria, sino también la vida cotidiana de quienes habitan en el lugar. La imposibilidad de circular normalmente dificulta el acceso a la salud, la educación, la provisión de alimentos y el traslado de personas.

“Necesitamos de manera urgente que arreglen el camino de acceso. Que nos digan que no pueden hacer algo es una falta de respeto total”, manifestaron con indignación.

La imagen de Diego Romero trabajando en medio del barro y el agua se transformó en un símbolo de resistencia y sacrificio para muchos pobladores rurales del departamento Vera. Un reflejo de la realidad que viven decenas de familias que, aun en condiciones adversas, continúan apostando a quedarse y producir en el norte santafesino.

Mientras tanto, en El Palmar la rutina sigue marcada por el aislamiento, los caminos intransitables y la incertidumbre. Pero también por la fuerza de quienes, pese a todas las dificultades, siguen adelante esperando una solución que, aseguran, hace demasiado tiempo no llega.