El profe oriundo de Fortín Olmos falleció esta semana.
En un clima de profunda emoción y recogimiento, el acto de colación del Colegio Superior N° 42 “Agustín Rossi” de Vera se convirtió también en un sentido homenaje al profesor Leonardo “Leo” Mansilla, docente de Lengua y Literatura, fallecido esta semana y recordado con palabras cargadas de afecto, gratitud y reconocimiento por su enorme legado en la formación de futuros docentes.
La ceremonia, prevista para celebrar la culminación de estudios de alumnos de los distintos niveles del profesorado, tuvo un momento particularmente conmovedor cuando la profesora de Matemáticas, Cecilia Saucedo, tomó la palabra para dedicar un homenaje al querido docente oriundo de Fortín Olmos, cuya partida generó un profundo dolor en la comunidad educativa.
Con visible emoción, Saucedo comenzó evocando algunas de las frases que caracterizaban al “Profe Leo”, expresiones que quedaron grabadas en generaciones de estudiantes y colegas, y que arrancaron sonrisas mezcladas con lágrimas entre los presentes.
“Se van a levantar leyendo, van a comer leyendo y se van a ir a dormir leyendo; soy así de exigente porque no quiero formar maestras berretas”, recordó entre las frases más recurrentes del profesor. También resonaron otras expresiones tan propias de su estilo como “Nada de cuellito torcido y caritas de yo no fui” o “No me van a venir a llorar a la mesa”, dichas muchas veces con firmeza, humor y ese sello personal que lo convirtió en un docente entrañable.
Pero el homenaje fue mucho más allá de esas anécdotas. En un discurso cargado de sensibilidad, la profesora Saucedo destacó la huella profunda que Mansilla dejó en quienes compartieron con él el recorrido formativo.
“Queremos dedicar unas palabras en homenaje a quien fue parte esencial del recorrido de esta cohorte, el profesor Leonardo Mansilla, docente de Lengua y Literatura de esta casa, que falleció esta semana. Leonardo no fue solo un profesor, fue un formador, un guía, alguien que dejó huellas en cada uno de ustedes desde los inicios mismos de su trayectoria en el profesorado”, expresó.
Remarcó además que Mansilla acompañó a los estudiantes durante primero, segundo y tercer año, siendo testigo de sus dudas, búsquedas, aprendizajes y transformaciones. “Supo enseñar no solo contenidos, sino también sensibilidad por la palabra, compromiso con la educación y respeto por el pensamiento propio y ajeno”, manifestó.
Durante su mensaje, Saucedo definió la tarea pedagógica de Mansilla como una permanente invitación a pensar, a cuestionar y a mirar más allá de lo evidente. Su presencia en las aulas, sostuvo, “no pasaba desapercibida”, porque había en su modo de enseñar una pasión auténtica por formar docentes críticos, sensibles y comprometidos.
Uno de los momentos más conmovedores llegó cuando señaló que este egreso también le pertenece al profesor homenajeado.
“En cada cuaderno, en cada texto leído, en cada reflexión compartida, hay algo de su enseñanza que continúa. Hoy lo despedimos con dolor, pero también con gratitud”, expresó con la voz quebrada.
Y agregó: “Elegimos recordarlo desde lo que sembró: el amor por la enseñanza, la palabra como herramienta y la educación como camino. Que su legado siga presente en las aulas que ustedes habitarán como docentes, que en cada clase, en cada encuentro con futuros estudiantes, algo de Leonardo Mansilla vuelva a decir presente”.
Las palabras, pronunciadas entre lágrimas, generaron un profundo silencio en el auditorio y una emoción compartida entre docentes, estudiantes, familiares y egresados, muchos de los cuales no pudieron contener las lágrimas ante un homenaje que trascendió lo protocolar para convertirse en un verdadero reconocimiento a una vida dedicada a enseñar.
La figura del profesor Mansilla, querido por su exigencia, su humor, su calidez humana y su compromiso con la formación docente, quedó así abrazada por el recuerdo colectivo de una institución que hoy lo llora, pero también celebra su legado.
En una jornada pensada para despedir una etapa y abrir nuevos caminos, el acto de colación sumó un significado aún más profundo: honrar a un maestro que dejó marcas imborrables.
Porque, como quedó expresado en cada palabra pronunciada en su memoria, el Profe Leo no se fue del todo: permanece en cada alumno formado, en cada libro abierto, en cada aula donde la enseñanza siga siendo una pasión.
























