Entrevista con el periodista Ernesto Arzamendia de Reconquista. 



Profesor Héctor Manni





En el marco de las actividades de memoria al cumplirse medio siglo del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, cobra especial relevancia el testimonio brindado por el profesor universitario Héctor Manni, quien se desempeñó como docente en Fortín Olmos y fue víctima de la represión ilegal durante la última dictadura militar. Su declaración se produjo en agosto de 2017, durante el cuarto juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en el norte santafesino.

Manni relató ante el tribunal los padecimientos sufridos tras ser secuestrado en 1977, cuando fue trasladado a dependencias de la Guardia Rural Los Pumas, donde fue sometido a interrogatorios bajo tortura. En su declaración, el docente señaló directamente a uno de los efectivos que, según afirmó, participó de su secuestro y tormentos.

“Noce fue uno de los efectivos que me secuestró y me aplicó tormentos en 1977. Cuando me detuvieron, en el momento de los interrogatorios los vi y me quedaron grabadas sus caras”, sostuvo.

El profesor recordó además que, tiempo después, mientras trabajaba en una escuela cercana a Santa Felicia, volvió a cruzarse con quienes, según su relato, habían participado de los interrogatorios ilegales.

“Yo trabajaba cerca de Santa Felicia, en la escuela de Fortín Olmos, y en un acto estuvieron como autoridades el jefe y el subjefe de la Guardia Los Pumas. Cuando los vi los identifiqué, entre ellos a Noce, como los tipos que me interrogaban”, expresó el testigo en una entrevista con el periodista Ernesto “Cuco” Arzamendia.

Torturas y tormentos

Durante su exposición, Manni —docente de extensa trayectoria en la Universidad Nacional del Litoral— describió los métodos de tortura a los que fue sometido: “La aplicación de picana eléctrica, golpes, simulacro de fusilamiento, ese tipo de cosas”, relató, señalando que estos tormentos fueron aplicados por Noce y otros integrantes de las fuerzas de seguridad.

Sus palabras reconstruyen una parte de la historia represiva que también alcanzó a localidades del norte santafesino, donde la persecución política y sindical dejó huellas profundas en la comunidad educativa y social.

El peso del recuerdo y el alivio de declarar

Manni también reflexionó sobre lo que significó testimoniar cuatro décadas después de los hechos. Reconoció que revivir esas experiencias dolorosas no fue sencillo, pero destacó el valor de la declaración judicial.

“En principio hizo que vuelvan los miedos, saca lo peor de las debilidades de uno, y eso a veces molesta mostrarlo. Pero después de declarar, pude sacarme esos demonios que tenía adentro. Siento un gran alivio”, expresó.

El docente agregó que las secuelas emocionales persisten con el paso del tiempo: “Aparece el miedo, la culpa, vos quedaste vivo y otros no. Es una carga que no es tan fácil llevarla. En mi caso, por ejemplo, no quedé cesante en ese momento como docente y otros compañeros sí; preguntarse por qué yo no y otros sí, creo que esa es la perversidad del Estado represor”.

Su paso por Fortín Olmos

En los años ’70, Manni —conocido afectuosamente como “el Negro” por sus colegas— se desempeñó como profesor y directivo de la escuela secundaria de Fortín Olmos. Su labor educativa dejó una huella en la comunidad, al tiempo que su historia personal refleja cómo la represión también alcanzó a docentes y trabajadores del interior provincial.

A cinco décadas del golpe militar, testimonios como el de Héctor Manni adquieren un valor fundamental para sostener la memoria colectiva, visibilizar lo ocurrido y reafirmar el compromiso con la verdad y la justicia. Su relato no solo reconstruye hechos del pasado, sino que también interpela al presente, recordando el impacto humano de un período oscuro de la historia argentina.