El subinspector Matías Molina, oriundo de Vera y con 22 años de servicio en la fuerza, se viralizó en redes sociales tras publicar un video donde expresa su cansancio, desilusión y el impacto emocional que le genera su labor policial. Actualmente presta servicios en la localidad de Bella Italia, cerca de Rafaela.
Un video difundido en redes sociales en las últimas horas generó fuerte repercusión al mostrar la cruda catarsis de un efectivo policial que decidió poner en palabras una realidad que, según él, atraviesan muchos uniformados. Se trata del subinspector de policía Matías Molina, oriundo de la ciudad de Vera, quien manifestó su profundo malestar y decepción con la institución policial de la cual forma parte desde hace más de dos décadas.
Molina es hijo del policía retirado Mario Molina, reconocido y recordado dentro de la fuerza. Ingresó a la institución hace 22 años, integrando la primera promoción de policías surgidos de la Unidad Regional XIX de Vera. Tras finalizar su formación, fue destinado inicialmente a la localidad de Garabato, donde prestó servicios durante un año y medio. Luego pasó por la ciudad de Vera, cumpliendo funciones durante seis meses en el Comando Radioeléctrico, para posteriormente ser trasladado a la Unidad Regional IV con asiento en Rafaela, donde desde hace casi 20 años trabaja en la localidad de Bella Italia, a unos 300 kilómetros de su ciudad natal.
En el video que se viralizó, el subinspector realizó una fuerte reflexión sobre su presente laboral. Si bien dejó en claro que ama su profesión, expresó estar cansado, agotado y desilusionado por la realidad económica y emocional que atraviesan los policías.
“Uno cuando se mata haciendo horas extra pretende que sea para comprarse un autito, un lotecito o poder ir de vacaciones, y sin embargo eso no pasa. Tenemos que vivir uniformados, laburando solo para llegar a fin de mes”, señaló con crudeza.
En diálogo con FM Vida, Molina amplió sus declaraciones y sostuvo que hoy el policía vive cansado, estresado y bajo una presión constante. En su caso particular, explicó que debió iniciar tratamiento psicológico y psiquiátrico, asistencia que recibe a través de la obra social IAPOS, mediante el área de Bienestar Policial. En ese sentido, agradeció profundamente el acompañamiento recibido y recomendó a sus camaradas que no duden en buscar ayuda profesional ante situaciones similares.
El subinspector atravesó un tratamiento psicológico durante aproximadamente cuatro meses y se reincorporó a sus funciones hace tres semanas. Sin embargo, aseguró que no logra sentirse bien y que percibe una fuerte sensación de explotación laboral, lo que lo lleva a pensar que su ciclo dentro de la institución podría estar cumplido.
“Yo puedo hacer otras cosas: dirijo fútbol, hago radio, locución, me encanta el periodismo. Pero mi miedo es qué pasará después, el futuro, dejar algo efectivo, aunque la esté pasando mal y enfrentar la incertidumbre”, confió.
Finalmente, Molina fue contundente al reconocer el impacto que la profesión tuvo en su vida:
“Hoy disfruto mucho más de lo que hago fuera del ámbito policial que de ponerme el uniforme e ir a trabajar. Sinceramente la policía me afectó física y mentalmente, a tal punto de tener que pasar por situaciones no deseadas”, concluyó.
























