“Soy un rehén de la justicia”, expresó el abuelo de 86 años que gentilmente nos recibió en la casa de su ahijada Teresa Romero, lugar donde hoy vive.
Abrumado por toda la difícil situación por la que le toca pasar a Don Raimundo Macías tras el desenlace fatal que tuvo su familia luego de la decisión de su hijo Marito de matar a su madre y prender fuego a su casa, ahora un nuevo capítulo se le suma a este padecimiento, el de la usurpación de su campo por parte de un hombre que él ni siquiera conoce.
Raimundo Macías nos recibió en la casa de su ahijada Teresa Romero con muchas ganas de hablar y quizás descargarse un poco de todas las penurias por la cual está atravesando.
Nos contó que el quiebre de su familia comenzó cuando empezaron a complicarse las cosas económicamente, a todo se le sumó un larga enfermedad por la que le toco pasar, motivo por el cual no pudo ayudar en las decisiones a tomar a su hijo Marito con el cuidado del campo de 1000 hectáreas y sus animales, quien con poca experiencia en muy poco tiempo se quedó con solo unos 70 vacunos luego de tener más de 400.
Tras lo sucedido la familia empezó a flaquear, don Macías nos confió que su esposa más de una vez le imploró que le pegase un tiro, a lo que siempre le respondió que solo Dios se encarga de llevarnos de este mundo cuando él lo decida.
En un momento de la charla se quiebra y se echa la culpa de no haberse dado cuenta del estado de salud manifiesto de su esposa, que además presume que fue la que indujo a su hijo a que tomase tremenda decisión y la mate.
“El plan fue netamente de mi esposa, incluso me invitaron y yo no accedí, por eso siempre digo que yo a Dios le debo mucho, él a mí me salvó de unas cuantas”, manifiesta don Macías con lágrimas en los ojos.
“Soy una víctima de la justicia, hace muy poco recién me entregaron el dinero que Mario tenía en su poder la noche del hecho, tengo unos pocos animales que me quedaron y no los puedo vender para poder manejarme, tengo que hacerlo como puedo. Mi hijo Mario también es otra víctima de la justicia, sin bien lo que hizo es muy malo, no lo hizo por idea suya sino por expreso pedido de su madre a quien él quería mucho y respetaba, quizás si lo hubiera hablado con él, no hubiera sucedido esto, tuve mucho miedo esa noche pero como siempre confié en Dios”, expresaba Raimundo.
“No puede ser que me pase lo que me está pasando ahora, un señor dice que mi hijo le dio el campo y entro con sus animales a pesar de la negativa de la justicia que ordeno que desalojara de inmediato, y hasta en una oportunidad el mismo señor, como si yo fuera un trofeo se presentó en esta casa a querer hacerse cargo de mí, sin que yo lo conociera, motivo por el cual ahora también la justicia ordeno una perimetral”, agregaba con mucha preocupación.
Por último para cerrar, el abuelo se lamenta por su hijo, “pobre Mario, la verdad no se merece lo que le está pasando, él siempre fue un buen hombre, honesto y trabajador, mi deseo es que le vaya bien en la vida, y yo quisiera seguir viviendo mi vida hasta que Dios diga basta, y antes de que él me lleve mi deseo es poder tocar un arpa, siempre me gusto hacer música”, cerraba.
























